Un viaje a Colombia

Publicado 21 de Abril 2016 por Rosie Cochran
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23 de marzo

Un dardo envenenado

Fue a comienzos de los años 70. El contacto inicial con los nukáks no salió según lo planeado. Aunque Danny Germann estaba contento por el aparente intercambio de regalos pacífico —el dardo envenenado adicional en su cuello no fue tan agradable.

Se necesitó de tiempo para ganar la confianza de este grupo tribal remoto, cuyos anteriores contactos con la civilización con demasiada frecuencia habían terminado con disparos. Pero Danny y Marilyn Germann se enamoraron del pueblo nukák, a tal punto que cuando la necesidad urgente de personal precisó la salida de los Germann, Marilyn lloró durante dos semanas.

“Si ella hubiera sabido que íbamos a salir para siempre, habría llorado durante un mes”, me dijo Danny, después de compartir que la necesidad de personal y los problemas de seguridad en la región impidieron su regreso.

2016-04 Nukák team 6 crop med

Otro equipo, otra oportunidad

Los años pasaron, los problemas de seguridad se fueron, y un nuevo equipo está aprendiendo el idioma.

¿Y Danny y Marilyn? Ellos oran por este equipo y esperan el día en que los nukáks oigan el mensaje del Evangelio y se conviertan en sus hermanos y hermanas en Cristo. ¡Qué día de regocijo será ese!

Elizabeth Trujillo, Language Study

Una historia de esperanza

Esta es la historia de fondo para un próximo viaje que voy a hacer a Colombia.

Voy a visitar a este nuevo equipo entre los nukáks, observaré y haré preguntas, para regresar y poder contar su historia. Una historia de cómo Dios sigue instalando misioneros entre los nukáks, a pesar de numerosos obstáculos y contratiempos a lo largo del camino; y una historia de esperanza para el pueblo nukák.

Ora por mí mientras hago este viaje —y ora para que un día no lejano los nukáks escuchen el mensaje del Evangelio.

 

2 respuestas a “Un viaje a Colombia”

  1. joaquina dice:

    Que bendicion…no saben la felicidad que trae a mi corazon al saber de estas personas escuchando el evangelio…me toca mucho el corazón el trabajo con indígenas…que “envidia” me dan con este trabajo…orando por ustedes

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