Un cálculo en la selva

Publicado 20 de Julio 2017 por Seth y Rochelle Callahan
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24 de junio, 2017

Hace poco mis ojos se abrieron a un campo de la vida completamente nuevo y desagradable. Es como si hubiera sido capaz de vislumbrar otra dimensión, donde el único residente fuera el dolor. Un dolor que no sabía que existía. ¿Te parece que estoy siendo dramático? Ja, ¡no tienes idea! Estoy suavizando este relato para ti. Acabo de pasar por mi primera experiencia con cálculos renales.

Antes de seguir adelante con este tema, sin embargo, creo que primero debemos apartar un momento para reconocer brevemente que el médico profesional que acuñó el término “cálculo renal” era un tonto. Decir que he estado “pasando un cálculo renal” es como llamar a una erupción volcánica un incidente de “tierra caliente”, o referirse a un tornado como una “brisa que remolinea”. Lo único que sé es que sea cual sea el tarado que los llamó cálculos renales, él nunca los tuvo, de otra manera serían llamados de manera más apropiada “piedras de la muerte en vida” o “piedras de tortura”.

Por el bien de aquellos que no están familiarizados con los detalles específicos de lo que en realidad es un cálculo renal, voy a citar de uno de mis manuales médicos para ponerles al tanto: “Pasar un cálculo renal es prácticamente la peor cosa que le puede suceder a alguien. Es una experiencia generalmente comparada a hacer pasar un pequeño y agresivo erizo de mar a través del tracto urinario a una velocidad lenta y terriblemente dolorosa. Ten en cuenta que el tracto urinario está expresamente equipado para transportar orina, no erizos de mar”.

Así que allí estaba yo, ocupado con mis propios asuntos, en medio de nuestra selva pantanosa, dormitando después de un ajetreado día tratando de aprender el idioma iski, cuando de repente me di cuenta de que algo en mi abdomen estaba empezando a tratar de destruir todo lo demás de mi abdomen. Sería el tipo de dolor que esperaría sentir si una criatura alienígena parásita estuviera  a punto de brotar de la pared exterior de mi vientre. Fue, y no estoy exagerando, el dolor más intenso que haya experimentado en toda mi vida.

Llamamos por teléfono al médico de nuestra misión para informarle que estaba muriendo, y él fue capaz de ofrecernos un diagnóstico más preciso de un cálculo renal y consolarnos con el comentario: “Muchas mujeres que han experimentado ambos, han dicho que los cálculos renales son en realidad más dolorosos que un parto”. Bueno, ese fue un pensamiento reconfortante; en lugar de ir a dormir, iba a pasar la noche dando a luz a una piedrita demoniaca. Por supuesto, fui ingenuo al pensar eso; en realidad he pasado la última SEMANA tratando de expulsar de mi sistema a este pequeño depósito mineral sádico.

Los cálculos renales realmente tienen su propia liga en el índice de dolor. ¿Conocen esos diagramas del dolor que a veces tienen en las habitaciones de los hospitales para ayudar a las personas a asignar un número a su nivel de dolor?

Bien, ninguna de las caritas de dolor que he visto le hace justicia a lo que he estado sintiendo últimamente. Los cálculos renales deberían tener su propio cartel especial de caritas; deberían ser caritas rojas, apretando los dientes y llorando. Y en lugar de tener un número, solo debería decir: “¡Aaaaagh!” con letras grandes y en negrita.

Cuando comienzan los espasmos es como si estuviera en un ascensor, subiendo a través de los diferentes niveles de malestar y dolor. Sorprendentemente, el nivel de “Máximo dolor que puedo soportar” no está en la cima de este recorrido. Resulta que hay varios niveles de bonificación por encima de uno titulado “Dolor Inductor de Vómito” y “Dolor Incomparable”; el último es extraordinario. Cuando estoy atascado allí, siento como si alguien me hubiera apuñalado el riñón con un cuchillo y lo revolviera constantemente. Por lo general, mis habilidades conscientes en esta etapa se limitan a gemidos que varían entre “¡Ah!” y “¡Oh!” y a veces a lloriquear patéticamente. Mi récord actual en el nivel de “Dolor Incomparable” es de siete horas y media; esa fue una noche nada divertida.

Originalmente, esperaba ser capaz de lidiar con este problema en la selva, pero poco a poco se iba convirtiendo en una batalla perdida. Es difícil no empezar a ponerse un poco irritable cuando eres incapacitado por accesos súbitos de dolor a lo largo del día y de la noche. Finalmente, ayer, terminamos viajando en el avión hasta la clínica médica de nuestra misión para ver si ellos podían ayudarme a expulsar el cálculo. Por supuesto, desde que llegamos aquí, el cálculo ha estado inusualmente tranquilo y tímido, así que todavía estamos tratando de averiguar exactamente cómo lidiar con él.

Parece que si no consigo expulsarlo aquí en el centro misionero en los próximos días, podría terminar necesitando volar hasta Australia para que lo saquen allí (ya que no hay instalaciones aquí en PNG que puedan manejar ese tipo de procedimientos). Obviamente, sería mucho más conveniente evitar un viaje internacional, así que a medida que el Señor lo ponga en tu corazón, ¿te importaría hacer una pequeña oración o dos por nuestra situación aquí? Gracias.

 

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