Último informe de los Hostetter

Publicado 26 de Marzo 2017 por Chris Hostetter
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¡QUÉ AÑO!

31 de diciembre, 2016

A medida que se termina el año 2016, miro hacia atrás y veo que fue un buen año –uno de mis favoritos por siempre. A pesar del ajetreo del año y de los problemas de salud de mi familia, realmente disfruté mucho el 2016. Como pareja y como familia, hemos tenido mucho gozo y diversión en este año. La razón son… ¡USTEDES! Ustedes han hecho de este un año maravilloso para nosotros. Miro hacia atrás, a los momentos divertidos y dulces, y a los momentos llenos de gozo –todos esos tiempos fueron fabulosos debido a la gente con la que estábamos. En este año disfruté mucho la maravillosa diversión y comunión con amigos y familiares, y estoy inmensamente agradecido por eso, y atesoraré esos recuerdos durante mucho tiempo.

Sin embargo, ahora es tiempo de que partamos de nuevo. Y vaya que es difícil salir otra vez. Y, por supuesto, la culpa es de todos ustedes. La próxima vez hagan de nuestro año sabático algo horrible y amargo para que sea más fácil partir. ¿De acuerdo? Estoy bromeando, excepto por la parte de que es difícil salir otra vez.

Hace cinco años, cuando despegamos por primera vez hacia el campo misionero de Papúa Nueva Guinea, el conocimiento de que había gente perdida en tinieblas en las selvas de PNG, y que Dios deseaba que ellos lo conocieran, fue suficiente para llevarme adelante sin mirar atrás, a lo que estaba dejando atrás. Ahora, cinco años después, ese conocimiento solo ya no es suficiente. Simplemente no me basta hoy. Necesito algo más que me lleve adelante.

Y así Dios me está impresionando con otra verdad. La verdad de que la diversión y la comunión que he experimentado con amigos y familiares en este año será algo que experimentaré y disfrutaré por toda la eternidad. No necesito aferrarme a estas cosas aquí en esta vida, porque disfrutaré de ellas, y aun de cosas mayores, con mis hermanos y hermanas en Cristo en la edad que está por venir y por toda la eternidad. Para mí es triste dejar atrás estas cosas por ahora, pero la certeza de que mi tiempo con mis amigos y familiares creyentes no es corto, ni siquiera limitado, me lleva adelante a nuestro próximo período de servicio en el campo misionero y a todo lo que Dios tenga reservado para nosotros en esta vida.

Así que, gracias por ser parte de nuestras vidas. ¡Y gracias por hacer del 2016 un gran año!

 

¡NUESTRO REGRESO A PNG! UNA HISTORIA TAN LARGA COMO NUESTROS VIAJES

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16 de enero, 2017

El lunes, 9 de enero, cargamos dos camionetas con nuestro equipaje y salimos hacia el aeropuerto. Nos registramos en nuestra aerolínea para nuestro vuelo a Los Ángeles, California, y después de recibir nuestros pasabordos, descubrimos que no había dos de nosotros que estuviéramos juntos. A todos nos asignaron asientos en la mitad y nos dispersaron por todo el avión (en caso de que lo hayas olvidado, tenemos cuatro hijos menores de once años). Le llevamos nuestros pasabordos a la agente de la puerta de embarque y le preguntamos qué podía hacer por nosotros. Recibimos un discurso breve sobre boletos de clase económica y sobre sufrir las consecuencias de nuestras acciones ‘baratas’, pero la mujer cambió algunas cosas alrededor y nos consiguió dos pares de asientos juntos. Quedamos agradecidos por ello y nos sentamos en la sala de espera, aguardando el momento del embarque, pero un agente mucho más grande seguía obrando a nuestro favor.

Poco después de abordar el avión, una dama ofreció intercambiar su asiento al lado de la ventana con Cole, quien estaba en el asiento del medio, para que él y yo pudiéramos estar juntos. Por lo tanto, ahora ningún miembro de nuestra familia estaba sentado solo, aunque cada par de nosotros todavía estaba separado de los otros.

Pero Dios no había terminado; nos sentamos en el avión en el muelle de embarque y esperamos y esperamos a que el avión cerrara sus puertas y comenzara el carreteo hacia la pista de aterrizaje, pero después de una hora todavía estábamos esperando. Los asistentes de vuelo a bordo anunciaron que el avión tenía sobrepeso y que once personas adicionales debían desembarcar y esperar otro vuelo. Las personas de todos los lados de Cole y de mí se pararon de sus asientos y abandonaron el avión; caminé rápidamente las veinte filas del pasillo hasta donde Micah y Maisie estaban sentados y les pregunté si querían ir a sentarse al lado de Cole y de mí. Ellos se alegraron de poder sentarse junto a uno de sus padres y fueron hasta donde Cole y yo estábamos y los cuatro nos sentamos juntos.

A pesar de nuestra enorme cantidad de equipaje, el viaje desde el aeropuerto hasta nuestro hotel en Los Ángeles resultó fácil y sencillo. Numerosas personas nos ayudaron a lo largo del camino y en las primeras horas de la noche ya habíamos puesto todas nuestras pertenencias en la habitación de nuestro hotel y nos dirigimos al Denny’s que está al lado del hotel para cenar.

Aunque el aire húmedo de Los Ángeles no alcanzaba los 10 grados de temperatura el martes por la mañana, aun así nuestros hijos insistían en lanzarse y nadar por un rato en la piscina al aire libre del hotel. Al atardecer regresamos al aeropuerto, descansamos y nos preparamos para comenzar los viajes verdaderos. Comenzamos a registrarnos en la aerolínea que nos llevaría desde Los Ángeles hasta Manila y luego hasta Papúa Nueva Guinea, pero la agente de los boletos me miró y dijo que necesitábamos tener boletos de regreso antes de poder viajar a PNG. La miré, confundido, y le dije que no podíamos tener boletos de regreso porque no íbamos a regresar hasta después de unos años. Ella pulsó algunos botones más en su computadora y luego habló con otra agente antes de darnos el mismo argumento. Necesitábamos boletos de regreso para que ella pudiera registrarnos; no sabía qué decir ni hacer y nos quedamos allí en un conflicto incómodo. Luego me llegó una idea a la mente y les dije: “Tenemos visas de PNG”. “Oh”, replicó ella y les dio una mirada a nuestras visas de PNG que estaban en nuestros pasaportes que tenía en sus manos. “De acuerdo; todo en orden”, dijo ella y nos registró.

Maravillosamente todo nuestro equipaje fue registrado hasta nuestro destino final y así no tuvimos que bregar con eso en absoluto durante nuestra escala de veinte horas en Manila. En Manila, un misionero de New Tribes nos llevó desde el aeropuerto hasta la casa de huéspedes de la misión que está a solo cuarenta minutos en auto. Disfrutamos de comidas hechas en casa, un tiempo de ocio, y de una larga siesta durante nuestra estancia allí, antes de regresar al aeropuerto de Manila y tomar nuestro próximo avión hasta Puerto Moresby, PNG.

En Moresby teníamos que recoger todo nuestro equipaje para pasar por la aduana, pero no se podía hallar una pieza de nuestro equipaje en el carrusel de reclamo de equipaje. Hablamos con algunas personas y desaparecieron para ir a buscar la pieza que faltaba mientras nosotros iniciábamos el proceso de presentar una reclamación. Menos de media hora después, uno de los trabajadores regresó con la maleta que faltaba. Pasamos a través de las aduanas e inmigración, y volvimos a registrar nuestras maletas para el último vuelo que nos llevaría hasta Goroka. No tuvimos ningún inconveniente con ese vuelo y llegamos a nuestra casa temporal en el centro misionero en las primeras horas de esa noche.

Gracias por orar por nosotros a través de estos viajes. Alabado sea el Señor porque estamos aquí, y todo nuestro equipaje también. Aparte de los pequeños incidentes de estrés mencionados anteriormente, nuestros viajes realmente fueron suaves. Estamos alojados en un centro misionero de New Tribes por ahora, mientras luchamos con el jet lag y nos preparamos para volver a la tribu. Nuestro plan ahora es que toda nuestra familia se dirija a Pal a principios de febrero. Sigue orando por nosotros y específicamente por Maggie y su salud.

 

DE VUELTA EN PAL

21 de febrero, 2017

Cuanto más duraba nuestro año sabático, el tiempo que pasamos en Papúa Nueva Guinea parecía desvanecerse de la realidad, a tal punto que nuestra aventura de cuatro años en PNG parecía nada más que un sueño que se evapora; entonces llegó el día para regresar al sueño.

Cuando regresamos a Papúa Nueva Guinea el sueño vaporoso aún no se volvía realidad. Vivimos durante unas semanas en un centro de New Tribes, pero aunque ahora estábamos en un país diferente, todavía se sentía mucho como si estuviéramos en casa en Estados Unidos.
Estábamos rodeados por otros estadounidenses en el centro, viviendo en una confortable casa con muchas comodidades modernas, cerca de una ciudad con un gran centro comercial donde se puede comprar casi cualquier cosa que puedas necesitar o desear.

Nuestro breve tiempo llegó a su fin, y un viaje de una hora en helicóptero nos aterrizó en un mundo totalmente nuevo, abruptamente nos volvió a ese sueño vaporoso.

Como familia, volamos a Pal en la mañana del 9 de febrero. Multitudes de personas se reunieron para saludarnos y, a medida que veíamos rostros y estrechábamos manos, sus nombres lentamente volvían a nuestra memoria. Vacilantemente los saludábamos y conversábamos con ellos, intentando borrar rápidamente trece meses sin escuchar ni hablar mucho pal. Tres horas después nos excusamos y entramos a nuestra casa selvática abandonada.

Maravillosamente, nuestra casa todavía estaba donde la habíamos dejado (que nuestra casa se deslice al fondo de la colina es una preocupación real aquí en la tierra de los deslizamientos de lodo), la estructura reforzada se erige fuerte en la cumbre contra las lluvias fuertes y los vientos aulladores de las montañas Adelbert. Ni serpientes, ratones ni ratas se adueñaron de nuestra casa. Solo una fina capa de polvo se había adueñado de la vivienda vacía y rápidamente entramos y reclamamos lo que era nuestro.

Es bueno estar de nuevo aquí entre nuestros amigos de Pal y continuar el trabajo de verles crecer en su entendimiento y en el amor de Cristo. Hemos iniciado inmediatamente la labor del discipulado, enseñando y traduciendo, junto con la continua educación de nuestros propios hijos. Gracias por orar por nosotros a través de este tiempo de transición, y por orar por la salud de Maggie.

La salud de Maggie en este momento le permite vivir y funcionar bien aquí en la tribu. Por lo tanto, permaneceremos aquí hasta que Dios declare lo contrario. Por favor, ora para que podamos obtener los medicamentos que Maggie necesitará continuamente. Los que trajimos nosotros se agotarán dentro de un mes, y hasta ahora mucha burocracia se ha interpuesto en nuestro camino mientras buscamos volver a abastecernos de medicamentos.

Por favor, sigue orando por la obra aquí. Ora por nosotros mientras nos dedicamos a tareas que sobrepasan nuestras capacidades para hacerlas nosotros solos. Ora para que confiemos en nuestro Padre y el Espíritu que nos ha dado ya que Él nos guía. Y ora por el pueblo pal mientras escucha la Palabra de Dios y aprenden a aplicarla a sus vidas.

Por último, desde que volvimos han surgido algunas necesidades y nos encantaría alguna ayuda financiera para ayudarnos a satisfacer estas necesidades. Nuestra nevera, que no estaba funcionando bien desde antes de que tomáramos el año sabático, se ha acabado por completo. Actualmente estamos usando en préstamo la nevera de nuestros compañeros de equipo, los Fachner, mientras están tomando un año sabático, pero tendremos que comprar una nueva antes de que regresen dentro de unos meses. Además, nuestra lavadora (que funciona con la electricidad de nuestros paneles solares) emplea tres agonizantes horas por carga. En esta tierra de luz solar limitada, se ha convertido en una carga y no está supliendo nuestras necesidades de lavado. Por último, como equipo, estamos buscando construir una pequeña edificación de oficinas para que los tres hombres podamos trabajar muy cerca unos de otros y para tener un lugar central para reunirnos con los creyentes pales cuando trabajemos con ellos en la traducción, el discipulado, y la capacitación de maestros.

 

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New Tribes Mission - Espanol

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