Pies enlodados

Publicado 29 de junio 2017 por John y Asmara Anyan
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1 de junio, 2017

Allí estaba yo. Solamente a unos metros de mi destino, pero perpleja en cuanto a cómo llegar allí sin que esto me ocurriera de nuevo.

Temporada de lluvias = lluvias muy necesitadas, temperaturas más frescas, y carreteras de tierra que se convierten en enormes charcos de barro. Así que allí estaba yo, en frente de un tramo de la carretera que era solo barro y no tenía suelo firme. Pensaba en qué debía hacer a continuación. Debió haber sido una escena graciosa; la única chica blanca por allí, con una mochila grande, simplemente parada delante de los charcos. Y luego llegó Dennis. “¡Njoo! ¡Njoo!” me llamó, “¡Ven!, ¡ven!” Él había visto mi dilema y había venido a rescatarme. Me mostró un pequeño sendero a la derecha de la carretera que me llevó al otro lado de los charcos de forma segura y sin tener que cubrir mis zapatos con barro. Por supuesto que estaba agradecida de que él se hubiera detenido para ayudar a alguien que aparentemente no sabía cómo manejar las cosas simples de la vida en África.

Oh, y ¿mencioné que Dennis tiene tres años de edad?

Sí, un pequeño niño de tres años de edad me mostró el camino a través del barro; mientras lo seguía, tuve que reír. Adaptarse a la vida aquí realmente es como volver a ser niño.

Convertirse de nuevo en niño es una experiencia vergonzosa. Muy vergonzosa. No saber por dónde caminar; ser un motivo de risas por no saber cómo “chambua” el arroz (=clasificar y tamizar el arroz para quitarle piedras y otros ingredientes indeseados) o cómo “pepeta” el arroz (=usar un objeto parecido a un gran plato tejido para lanzar el arroz al aire y soplar al mismo tiempo en él para quitarle la cascarilla); sonreír y asentir porque no tengo idea de lo que la otra persona acaba de decir; ofender a la gente con bastante frecuencia solo porque no sé nada mejor o incluso por tratar de ser amable.

La humildad es vista a menudo como debilidad a los ojos del mundo, pero la Biblia tiende a invertir las opiniones del mundo. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”, dice en 1 Pedro. San Agustín lo expresó de esta manera: “¿Deseas ascender? Comienza por descender. ¿Planeas hacer una torre que traspase las nubes? Echa primero el fundamento de la humidad”. Pongamos ese fundamento; preferiblemente sobre suelo más sólido que el que caminamos en estos días.

¿Cuán hermosos son los pies de los que anuncian buenas nuevas? Estos pies no se ven muy hermosos a veces. Lo bueno es que conozco a Alguien que es muy bueno para lavar los pies de otros…

 

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