Ocupando el asiento asignado por Dios

Publicado 20 de Agosto 2013 por NTM

El regreso de Linda Krieg a Papúa Nueva Guinea fue una aventura que ella sabe que ‘Dios había planeado siempre’.

Linda Krieg dice que ella sabía que la gente estaba orando. Ella estaba regresando a Papúa Nueva Guinea y la tranquilidad de lo que podrían haber sido circunstancias problemáticas la hizo suponer que Dios estaba obrando.

En total, hubo cinco aeropuertos, algunas restricciones estrictas en cuanto a equipaje y varios asuntos complejos con los asientos que podrían haber convertido su viaje en una pesadilla. Pero en lugar de eso, las cosas simplemente seguían saliendo maravillosamente bien.

A medida que el viaje avanzaba, Linda comenzó a preguntarse: “¿Con qué fin está obrando el Señor?”.

Después de cuatro cambios preliminares de asiento en un vuelo, cuando al fin encontró su silla, el plan de viaje de Dios repentinamente se hizo claro para ella.

Finalmente ella fue instalada en una hilera con una madre y su bebé de cuatro meses de nacido, con el asiento entre Linda y la joven madre atestado con cosas para bebé, mantas y almohadas.

Entablando una conversación con la joven, Linda compartió que su viaje tenía que ver con la traducción de la Biblia al idioma siawi y la próxima dedicación de las Escrituras en ese idioma.

Linda informa que repentinamente el rostro de su compañera de hilera se iluminó con una gran sonrisa.

“Oh, ¡el Señor te envió a mí! Yo necesito a alguien que ore por mí y por mi bebé”, dijo ella. La joven madre abrió su corazón y compartió sus problemas y su necesidad de oración. “¿Puedes orar por mí ahora mismo?” le preguntó a Linda.

Después de orar juntas, Linda dice que las restantes 11 horas de vuelo permitieron buenos tiempos de participación y ánimo. Ella no durmió mucho en ese tiempo, pero la mampara de su asiento le permitía levantarse y sentarse y apoyar sus pies contra la pared para reducir la inflamación y el estancamiento de sangre –complicaciones que podían ocurrir debido a su reciente reemplazo de rodilla.

Al final, Linda llegó a salvo a Papúa Nueva Guinea, sin ninguna duda en su mente: Dios, en Su sabiduría, le había asignado el asiento de la aerolínea en ese vuelo.

Y ella sabía que Él también la acompañaría al siguiente día, cuando empezara a trabajar con sus coobreros siawis en algunos pasajes del Antiguo Testamento.

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