Lo más importante, y donde estoy yo.

Publicado 18 de marzo 2016 por Michael y Stacy Creech

1 de  marzo

Ya hemos estado durante dos semanas en Senegal, y Dios está enseñándonos mucho en muchos frentes diferentes. Muchas de estas cosas son difíciles de expresar, y hay otras de las que estoy seguro que ni siquiera estamos conscientes aún.

Nuestras clases de francés comenzaron esta mañana, pero pensé en compartir con ustedes algunas cosas que hemos aprendido fuera de clase:

Todo debe estar subordinado a lo más importante (el evangelio de Jesús).

Sí, es por el Evangelio que empacamos las cosas de nuestra familia para cruzar el océano, pero la necesidad de priorizar en nuestra vida no ha cesado. Dios me recordó eso la semana pasada mientras viajaba en un auto con otro misionero. Para entender nuestra conversación, debes saber que conducir un auto (o cruzar la calle) en Dakar no es para los débiles de corazón. Automóviles, autobuses, motocicletas y coches de caballo luchan entre sí, y cada uno está más preocupado por dónde puede caber que en dónde “debería” ubicarse.

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Mientras hablábamos sobre autos y el tráfico, me dijo que la primera vez que compró un auto en Dakar, compró uno nuevo. Lo que descubrió fue que en el apretado y complicado tráfico eran inevitables las sacudidas, las rayaduras, los golpes y las abolladuras. Luego, en forma muy sincera, me dijo: “Pronto empecé a detestar a la misma gente que habíamos venido a salvar”. El auto que conducía él ese día tenía sus defectos, pero me dijo que fue por esa misma razón que lo había comprado. No estoy diciendo que todo el mundo deba conducir un cacharro oxidado, pero aun los autos que tenemos deben estar supeditados a las buenas nuevas de Jesús.

La siguiente lección también vino mientras hablaba con otro misionero en el auto:

Dios no me puso donde estoy sólo para poder obrar en la gente que me rodea, también es el lugar en que mejor puede obrar en mí.

Cuando expliqué la visión de por qué quería trasladarme a África Occidental, hablé sobre la importancia de plantar iglesias, y la necesidad de que los perdidos escuchen acerca de la esperanza eterna y la reconciliación con Dios. Por supuesto que mencioné que yo tendría que ser un aprendiz… pero Dios desea enseñarme más que idioma y cultura, Él quiere enseñarme primero acerca de sí mismo.

Y así debe ser.

Si pudiera aprender todos los idiomas y culturas de la faz de la tierra, pero no tuviera nada de valor para comunicar, no tendría sentido.

Dios quiere conformarme más a Su semejanza, para cuando aprenda a comunicar; no sólo tendré algo de valor para decir, sino que seré alguien a quien valga la pena escuchar.

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3-4).

 

 

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