Las galletas primero, por supuesto

Publicado 15 de Marzo 2013 por NTM

Hornear galletas con trocitos de chocolate en un país extranjero puede involucrar ingenuidad, flexibilidad y una lagartija bien horneada.

Susie Locklin decidió hacer una cena americana un domingo en la noche para la familia que la hospeda. Cuidadosamente planeó el menú: Sloppy Joes [un plato a base de carne molida con salsa de tomate endulzada] servido en pan francés y acompañado con papas fritas, pepinos, naranjas divididas en cuartos y galletas con trocitos de chocolate.

La tarde era calurosa y sofocante —40 grados. El porche del frente fue escogido como el sitio para cocinar. Y entonces comenzó la preparación.

Las galletas primero, informó Susie. Pero ella tenía idea de que los ingredientes podrían representar un pequeño desafío.

Bien, no hay azúcar morena —no es un problema. Simplemente hay que sustituirla con blanca.

No hay vainilla. Bien, el paquete decía “Azúcar con Vainilla”, así que tiene que servir.

En este punto, Susie empleó la ayuda de unas chicas vecinas para suavizar lo que parecía ser mantequilla; ellas ayudaron encantadas.

Luego, los huevos; los quebró en el borde de otra taza, “como me enseñaron en el curso de capacitación misionera —en caso de que estén malos”.

Resultó que no estaban malos. Pero estaban cocidos y duros. “Creo que compré dos huevos cocidos y duros”, comenta Susie. Ella salió aprisa hacia la boutique para intentar nuevamente la compra de huevos.

¡Éxito! Dos huevos crudos y buenos.

Bien, el siguiente ingrediente —pero no, no podía encontrar el bicarbonato de soda. Susie envió un email a casa y le dijeron que podía sustituirlo por polvo para hornear; “¡bueno saberlo!” comenta Susie.

El último ingrediente fue la preciosa bolsa de trocitos de chocolate que había traído de Estados Unidos.

“Recuerda”, informa Susie, “estamos haciendo estas galletas afuera y la temperatura es de 400. Cierto, empezaron a derretirse; eran más galletas tipo trocitos de chocolate”.

La familia que la hospeda tiene un horno, pero Susie no estaba completamente segura de cómo encenderlo. Eso significó hacer una pausa hasta que la madre de la familia hospedadora terminara su siesta.

“El horno no tenía termómetro y yo no tenía idea de cuán caliente estaba; tampoco tenía yo un reloj automático”.

Cuando Susie revisó las galletas para ver si ya estaban horneadas, notó que había una lagartija en el fondo del horno, horneada, por supuesto; tendría que quedarse allí por ahora.

A estas alturas, le dijeron que debía terminar pronto de hornear porque estaba usando demasiado gas.

Susie extendió la masa restante de las galletas en un molde para tortas y el resto de las galletas se convirtió en barras. Ella las llama “barras de galleta tipo trocitos de chocolate”.

“Bastante parecidas”, dice Susie; “y fue más bien un sentimiento agradable —como que fui un miembro útil de la sociedad. Después de todo, yo era la única del grupo que sabía la receta”.

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