EL DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS DE DIECINUEVE HORAS

Publicado 23 de Enero 2017 por Brent y Erica Haberchak
<? the_title() ?>

14 de diciembre, 2016

Tenemos una tradición los domingos por la noche. Muchas familias por aquí lo hacen, y aunque la mayoría de los hombres se quejan por esto, la mayoría de las mujeres se aferran a esto con la tenacidad de una hormiga en un cubo de azúcar. En nuestra familia lo llamamos la “noche libre de Mamá”… lo cual suena más impresionante de lo que realmente es. En teoría, significa que yo no cocino los domingos por la noche; en realidad significa que en lugar de preparar verduras y carne, hago palomitas de maíz y echo un montón de fruta congelada en la licuadora para hacer granizados. “Noche de palomitas y película” es también un nombre de uso común para estas noches en el hogar de los Haberchak. Si le preguntas a Brent, para él ninguna de estas comidas califica como comida verdadera, pero porque él me ama y porque valora mi noche “libre”, acepta esto.

Doy a conocer nuestra tradición del domingo por la noche para presentarles una historia sobre una semana que sucedió hace poco. En realidad fue hace tres semanas, en la semana de Acción de Gracias. En la semana anterior, Brent había estado en las islas, haciendo vuelos para todos los misioneros que viven fuera de la parte continental de PNG. Salió el lunes por la mañana de esa semana y no regresó sino hasta el viernes por la tarde, lo cual desembocó en un fin de semana en el que los niños y yo ansiábamos tener tiempo con papá, y en el que papá ansiaba tener tiempo con una almohada. Dos días de papá y de descanso nos llevaron a esa noche de domingo particular en la que yo me estaba preparando para hacer palomitas y mezclar nuestra “comida”, los niños estaban buscando una película, y Brent me estaba diciendo que iba a tomar la segunda mitad del lunes para tener un poco más de descanso y tiempo con la familia. No habían pasado dos minutos cuando sonó su teléfono y nuestro personal médico le informó que había la necesidad urgente de hacer una evacuación médica en uno de nuestros sitios de la selva la siguiente mañana. Con las palomitas estallando en el fondo, él llamó a los misioneros que estaban en la selva y comenzó a hacer los preparativos del vuelo que ahora era la primera cosa que tenía que hacer a la mañana siguiente. Él necesitaba datos del peso y el número de pasajeros e informes meteorológicos para sacar a esta misionera. Mientras tanto, acomodé a nuestros hijos con su comida favorita de la semana y una película y comencé a orar por esta amiga que estaba a mitad de camino en su embarazo y con mucho dolor. Habíamos visto cerca de un tercio de la película Déjenselo a Beaver cuando Brent se acercó a nosotros y me dijo: “Solamente va a salir la esposa, el esposo y sus cuatro hijos se van a quedar. ¿Quieres enviarles una comida conmigo para ayudarlos?”

Entonces corrí a la cocina para preparar a la carrera un guisado y un pan de plátano para que Brent se los llevara al esposo y a los niños que se iban a quedar. Ahora, antes de que pienses que soy una especie de santa por cocinar en mi noche “libre”, déjame confesarte que cuando se piden estos vuelos de emergencia y Brent está volando, hay una adrenalina que corre por mis venas que hace que sea increíblemente difícil que me siente quieta y espere noticias. Cierto, él no estaba volando todavía, pero yo sabía que una amiga tenía dolor y estaba preocupada por ella, y me parecía mejor poder hacer algo que sentarme a ver luchar a Wally y a Beaver en su enorme dormitorio de estilo vaquero.

El lunes por la mañana Brent despegó y trajo con éxito a la misionera aquí a la clínica de nuestro centro misionero. Esto hizo retrasar su horario de vuelos del día y el medio día que él iba a pasar en casa se volvió imposible –lo cual lo ameritaba por completo, que conste. Por lo tanto, me llamó alrededor del mediodía y me dijo que iba a tomar libre el martes porque el horario de vuelos estaba suave y no tenía nada que hacer en la oficina. Adorable.

El lunes por la noche estábamos cenando con Jon y Adie Leedahl cuando el director general de nuestro programa de vuelos pasó por la casa para informarles a Brent y a Jon que lo más probable es que se iba a pedir el traslado hasta Cairns de la paciente que Brent acaba de sacar de la selva esa mañana. Evidentemente nuestra clínica no estaba preparada para tratar su condición, así que tendría que salir de PNG para recibir el cuidado adecuado. Afortunadamente, aunque tenía mucho dolor, no estaba en riesgo su vida (¡gracias al Señor!). La conversación de la cena se convirtió en la planificación de un vuelo para transportar a la paciente hasta Cairns, Australia, algo que nuestros chicos no habían hecho todavía. Los dos habían volado hasta Cairns un puñado de veces para traer suministros, pero aún no habían hecho un traslado de pacientes (de hecho, acababan de ser autorizados por las autoridades de allí para comenzar a transportar pacientes apenas dos semanas antes). Sobra decir que el día libre de Brent se convirtió en una madrugada en la oficina para empezar a diligenciar el papeleo para la evacuación médica programada para el martes por la tarde hasta Cairns, mientras que Jon volaría para sacar de la tribu al esposo de la paciente.

El martes por la mañana, me despedí de Brent con un beso y le deseé que tuviera un buen tiempo en Cairns… OTRA VEZ (este sería su cuarto vuelo allí en el lapso de cinco meses; qué suertudo). La mayoría de los gobiernos regulan cuántas horas puede “trabajar” un piloto antes de requerir un tiempo de descanso y PNG no es la excepción. La jornada de trabajo de Brent y de Jon, el martes, comenzó a las 7 am y no terminaría sino hasta las 8 pm, cuando llegaran a Cairns. Esto significaba que tendrían que tomar un día de descanso en Cairns, el miércoles, antes de poder hacer el vuelo de regreso de cuatro horas y media el jueves. Así que me despedí de él sabiendo que una vez que dejaran instalada a nuestra amiga en el hospital, tendrían un día de descanso y buena comida en una ciudad del primer mundo; ¡qué suertudo!

Mientras tanto en casa, la noche del martes se desvaneció y dio paso a la mañana del miércoles e inauguró lo que he llegado a considerar como el Día de los Vómitos. Kimi comenzó a vomitar temprano el miércoles por la mañana y en la tarde de ese mismo día Luke se unió a ella en la diversión. No sé por qué, pero se ha vuelto una norma para los niños Haberchak que solamente tengan este tipo de náuseas cuando papá se ha ido. Llamé a mi vecina y mejor amiga, Jenny, a la mañana siguiente (Brent era inalcanzable en la ciudad costera australiana teniendo un bien merecido y tranquilo sueño) para quejarme sobre el olor que había comenzado a impregnar mi casa. Como una buena amiga, ella fingió sentir pena por mí y me dijo que su hijo menor (¡ellos tienen cinco!) había vomitado el martes por la tarde y ahora estaba acostado en la cama y quejándose de dolor de estómago. Nos compadecimos mutuamente y atribuimos todos los síntomas de los niños a una gripe que debía estar rondando por ahí. Después de todo, sus hijos de cinco y tres años de edad, y mis niños de cuatro y tres años de edad todavía están aprendiendo la importante lección de compartir, pero carecen de criterio para saber que compartir juguetes y compartir la cuchara con la que comen su sopa de barro casera es muy diferente en principio. Principio no significa nada para estas personitas… lo cual también explica por qué piensan que la sopa de barro es digerible.

Así que el miércoles estuve en casa todo el día, con pocas cosas sucediendo, además de Clorox, películas y textos como “Kimi se ha mareado dos veces más…” y “Luke acaba de vomitar POR TODAS PARTES…” siendo enviados al teléfono de Brent. Me fui a la cama el miércoles por la noche, orando para que todos durmiéramos durante la noche y que Beau y yo no nos enfermáramos con lo que sea que estuviera azotando a Kimi y a Luke. A pesar de mis temores de que sucediera lo contrario, el Señor nos concedió a TODOS una noche de descanso, y a las 8 am del jueves por la mañana, Brent me había texteado para decir que estaban haciendo el carreteo para realizar el vuelo de tres horas sobre el océano hasta Puerto Moresby (la capital de PNG) y que estaría en Goroka (nuestro aeropuerto) alrededor de las 2 pm. Fue una buena noticia porque yo tenía planes de cocinar todo el día para tener una pequeña cena de Acción de Gracias con los Leedahl esa noche. (Nuestra fiesta principal iba a ser el sábado por la tarde ya que el nacimiento de Estados Unidos no es un día de fiesta reconocido en PNG, pero de todos modos íbamos a hacer algo esa noche para celebrar el acontecimiento). También llamé a Jenny esa mañana para ver cómo seguía su hijo Gabe. Mis hijos parecían estar sanándose y yo esperaba que los de ella también. Ella me dijo que él todavía no estaba tomando alimentos ni líquidos y que aún tenía tanto dolor que no quería ser tocado. Ella y su esposo Mitch estaban empezando a preocuparse y habían llamado a la clínica –una decisión que no fue fácil porque la clínica había decidido cerrar por el día de fiesta y eso significaba sacar a todo el mundo de su día libre. Además, con un niño de tres años siempre es difícil saber qué es un dolor verdadero, qué es un malestar y qué es una mala actitud, debido a que no se sienten bien.

Así que Jenny y Gabe se fueron alrededor de las once de la mañana y poco después ella me texteó para decirme que estaban tratando de ponerle a Gabe líquidos vía intravenosa, porque hasta que no lograran hidratarlo no podían determinar con certeza qué estaba pasando. Evidentemente su análisis de sangre mostraba números preocupantes que podrían indicar un problema grave o podría ser simplemente el resultado de la deshidratación, y hasta que lograran restablecer sus líquidos y elevar los números nuevamente, no sabrían la gravedad de su condición. Por desgracia estaban teniendo problemas para introducir la aguja en la vena por ser tan pequeño y estar tan deshidratado. Este iba a ser un día largo; por lo tanto, añadí a mi lista de comida de Acción de Gracias, un guisado para mi amiga y su familia, para que no tuviera que preocuparse por la cena cuando finalmente salieran de la clínica.

A eso de la 1 pm Brent me texteó desde Puerto Moresby y me dijo que estaban a la espera de otra evacuación médica y que estuviera preparada por si él no llegaba a casa. Mi ritmo cardiaco se disparó inmediatamente porque hasta donde yo sabía, el hijo de mi amiga era el único paciente en la clínica. Luego él me volvió a textear: “es un niño, pero todavía no sabemos quién es”. Yo empecé a llorar. Llamé a mi amiga, quien me dijo que hasta el momento nos les habían mencionado nada acerca de una evacuación médica, que todavía estaban tratando de hidratarlo. A estas alturas, Mitch estaba con ella en la clínica y yo estaba pendiente de sus otros cuatro hijos. Yo estaba confundida entre lo que Brent estaba diciendo y lo que ella estaba diciendo, pero tomé la calma de mi amiga y la adopté como un buen indicio. A tal punto adopté este indicio que cuando Brent pasó volando una hora y media después, balanceando las alas del avión para saludar, le texteé para informarle que la probabilidad de otra evacuación médica era una posibilidad muy remota y que nuestra cena de Acción de Gracias con los Leedahl estaba lista y esperándonos.

O no. El tiempo de vuelo entre nuestro centro misionero y el aeropuerto es aproximadamente de tres minutos. Diez minutos después le saludé con la mano desde tierra y le envié el siguiente mensaje: “todo va a salir bien”, él me llamó y me dijo: “Erica, no vamos a volver a casa. Tenemos que llevar a este niño a Cairns esta noche y tenemos que empezar a diligenciar el papeleo ya”. Todavía no había recibido ninguna noticia de Jenny, pero en este momento sabía que ellos eran la única posibilidad. Efectivamente, quince minutos después de la llamada de Brent, ella fue a la casa para empacar cosas para el traslado de su hijo hasta Australia. “Ellos creen que es apendicitis”, me dijo ella, “pero no pueden estar seguros porque todavía no han podido hidratarlo suficientemente. Pero un médico en Australia le dijo a nuestro médico que necesitaban llevarlo a un cirujano pediátrico lo antes posible; así que Gabe y yo vamos a salir”. Le dije que yo estaría con sus hijos hasta que llegara la hora de salir para que ella y Mitch pudieran concentrarse en su pequeño.

Los detalles de organizar una evacuación médica son numerosos, incluso cuando se considera que está en riesgo la vida. Contamos con un equipo de evacuaciones médicas que trabaja incansablemente para poner todo el papeleo en orden antes de que salgan nuestros vuelos, porque un hospital en el otro extremo debe aceptar recibir al paciente bajo sus cuidados antes de que un vuelo pueda salir. La familia de Jenny fue rechazada por dos hospitales en dos ciudades diferentes de Australia, antes que uno “tuviera espacio” y un cirujano pediátrico para su hijo; fue algo que demoró mucho tiempo. Por lo tanto, nuestro personal de la clínica trabajó durante todo el día para diagnosticar y tratar, nuestra oficina del campo misionero trabajó todo el día para terminar el papeleo, y el personal de vuelos trabajó todo el día para prepararse para su primer vuelo directo a Cairns (debido a que la evacuación médica del martes había sido “sin riesgo para la vida”, se habían detenido en la capital al salir. La condición de Gabe era más grave y no tenían tiempo para detenerse y “registrar la salida” de PNG; tenían que salir directamente). Se requiere de un equipo para salvar una vida aquí en PNG.

Poco después de que Jenny volviera a la clínica, mientras yo estaba caminando afuera de un lado para otro como una loca y tratando de prestar atención a siete niños bajo mi cuidado mientras mi mente y mi corazón estaban con un chico especial en nuestra clínica, Adie me llamó y me preguntó si yo estaría dispuesta a dar nuestra comida de Acción de Gracias al personal de la clínica porque estaban cansados y con hambre. Nuestra casa de huéspedes iba a preparar comida para todos los misioneros de la oficina del campo e iban a empacar comidas para que nuestros esposos comieran mientras volaban, así que dije que por supuesto, agradecida de poder contribuir de alguna manera; además, iban a ser las cinco de la tarde y sabía que probablemente tendría a los otros hijos de Mitch y de Jenny en la cena y tenía ese guisado que había preparado para ellos antes de irme. Así que en una bella danza, los miembros del Cuerpo de Cristo se cuidaron mutuamente mientras se pasaba comida de una familia a otra, de un departamento a otro, para asegurarse de que toda nuestra gente fuera alimentada y cuidada. La parte favorita para mí durante estas situaciones de evacuación médica se ha vuelto presenciar cómo todos se unen y se aman unos a otros; es sencillamente hermoso.

Gabe no recibió la autorización de salir hasta alrededor de las 8 de esa noche. Brent y Jon despegaron, en el que sería el segundo vuelo nocturno de nuestro equipo en PNG, a las 8:45 rumbo a Cairns. Mientras ellos volaban hacia el sur, vinieron varios amigos mutuos y oramos por mi amiga, su hijo, y el resto de la familia que había quedado atrás. Yo estaba tan agradecida con los amigos que no sentí sueño hasta que supe que habían aterrizado a salvo –lo cual hicieron faltando diez minutos para la una de la mañana.

Jenny y Gabe estaban programados para salir en otro vuelo de evacuación médica a otra ciudad de Australia porque nos habían dicho que el hospital de Cairns no tenía un cirujano pediátrico a la mano para extirpar el apéndice de un niño de tres años. Pero antes de que pudieran embarcarse en otro vuelo, tenían que ser vistos por el hospital de Cairns y ser aceptados como “paciente de evacuación médica” por su empresa de evacuaciones; la burocracia es una locura, amigos. En fin, por la gracia de Dios, un médico de la sala de pediatría en Cairns miró a Gabe y determinó que no estaba lo suficientemente bien para ser trasladado nuevamente y que debían operarlo inmediatamente… oh, y por cierto, por casualidad él tenía experiencia como cirujano pediátrico. Así que el pequeño Gabe ingresó a la sala de cirugía temprano en esa mañana, y a mitad de la mañana del viernes, Jenny se enteró de que su apéndice en efecto se había roto y que era imprescindible que lo hubieran llevado al hospital cuando lo hicieron; ¡alabado sea Dios!

Mientras tanto, Brent y Jon se encontraban durmiendo, libres de un día de trabajo de diecinueve horas que incluyó un vuelo a casa desde Cairns y un vuelo de regreso a Cairns. Ellos se quedaron hasta el sábado y Brent fue recibido en casa esa tarde por las veintiséis personas que habíamos invitado para celebrar el Día de Acción de Gracias. Jenny y Gabe permanecieron en Cairns durante unas dos semanas, mientras Mitch jugaba a ser el gran papá y cuidaba el fuerte con sus otros cuatro hijos. Ellos ya están de vuelta con la adición de un enorme oso de peluche que Brent le compró a Gabe (acertadamente llamado oso Brent) mientras él estaba en el hospital, y Gabe ya está haciendo sopa de barro con mis hijos –¡qué alegría da estar en lo mundano!

Como equipo de NTM en PNG, nos regocija que el Señor ha sostenido a nuestra gente de maneras tan milagrosas. Él ha permitido que nuestras necesidades médicas sean solamente tan grandes como nuestra capacidad para manejarlas. Hace un mes, Brent y Jon no hubieran podido volar directamente a Cairns y una vida podría haberse perdido por eso. ¡Alábale por la protección que le ha concedido a nuestra gente mientras hemos trabajado para mantener nuestro programa de aviación en marcha y en capacidad de satisfacer las necesidades de nuestro equipo!

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

New Tribes Mission - Espanol

New Tribes Mission – Espanol