Dios los unió

Publicado 13 de Junio 2012 por NTM

Los creyentes y esposos wusuraambyanos Willis y Kena, vieron cómo el Señor obró en sus vidas.

Incapaces de reprimir sus sonrisas, Kena y Willis comparten cómo los unió Jesús.

Kena estaba dirigiendo la escuela dominical en la aldea wusuraambyana y Willis era el maestro bíblico. Ambos estaban buscando fielmente a Dios y esperando en Él en cuanto a sus planes de matrimonio. Se necesitó que Kena estuviera a punto de casarse con un incrédulo para que Willis abriera sus ojos y se diera cuenta del hecho de que él quería pasar el resto de su vida con ella.

“Ambos habíamos sido salvos por medio de las clases de escuela dominical que dictaban en ese entonces Cathy (Fondse) y su antigua coobrera Joan Randall”, informa Kena. “Luego, cuando el ministerio cambió de manos ya que Joan salió y Cathy se casó y su esposo vino a unirse a ella en el trabajo, ambos decidimos que queríamos ayudar a ver crecimiento en la iglesia”.

Desde una edad temprana, Kena ayudó a Cathy en la casa, cocinando, horneando y encargándose del estudio por correspondencia de sus cuatro hijos pequeños. Kena aprendió junto con ellos, y frecuentemente sondeaba a Cathy con preguntas acerca de Dios y la Biblia.

Mientras tanto, Willis empezó a ayudar a Andrew con la traducción de la Biblia y gradualmente fue discipulado en el papel de maestro bíblico mientras continuaba buscando fielmente a Dios.

“Dios me salvó de cuatro matrimonios arreglados en ese tiempo”, comparte Kena. “Al principio, estaba tan asustada que iba a terminar casándome con un incrédulo, pero cuando entregué cada caso a Dios, lo vi obrar”.

Uno de los hombres se escapó con otra mujer, antes de poder realizar el matrimonio, otro se mudó a la ciudad, y un tercero rompió el contrato con los tíos de Kena, quienes estaban arreglando el matrimonio.

“Finalmente, sólo quedaba un candidato”, informa Kena. “Yo sabía que dentro de un par de semanas él iba a venir de la ciudad para casarse conmigo, y a esas alturas a mí ya me gustaba Willis. Pero él estaba tan concentrado en Dios que no parecía fijarse en mí para nada”.

Willis, sin embargo, estaba sosteniendo su propia lucha. A pesar de sus horas de oración por una esposa piadosa, su padre repentinamente también había decidido arreglar un matrimonio para él, un matrimonio con una incrédula llamada Kristaa. Menos mal, Dios salvó a Willis de ese matrimonio porque su hermano decidió casarse con Kristaa en lugar de él.

Entre tanto, el Señor le aclaró a Willis, justo antes de una conferencia para creyentes llevada a cabo en Asiana, que Kena era la mujer con quien él quería casarse. En su viaje a la conferencia, Willis le asignó responsabilidades específicas a Kena, tales como servir comida a todos los otros creyentes wusuraambyanos, lo cual tradicionalmente hace una esposa para su esposo.

“Esto me dejó muy confundida”, admite Kena. “Yo no sabía si en verdad le gustaba a él o si él sólo estaba siendo inconsciente con la cultura”.

Como esto siguió repitiéndose, Kena comenzó a darse cuenta de que era la forma de Willis mostrarle que la amaba. Dos semanas después, él le pidió que se casara con él y ella aceptó.

El único obstáculo era obtener el permiso de los tíos para que Willis se casara con Kena. Después de mucha oración, Willis fue a pedirles permiso a los tíos. Y los tres tíos estuvieron de acuerdo en que él debía casarse con Kena.

Kena y Willis expresaron sus votos delante de la iglesia, aferrándose a una planta de tangat, el símbolo de la unidad en la aldea. Muchas de las mujeres mayores lloraron durante la ceremonia, diciendo que si ellas pudieran regresar al tiempo cuando eran jóvenes, se casarían con sus esposos de esa manera.

Hoy, Kena y Willis están sirviendo juntos en la iglesia y pueden ministrar a muchos de los jóvenes de allí. Frecuentemente ellos escuchan el comentario de los creyentes solteros más jóvenes: “Nosotros vamos a esperar a la persona correcta para casarnos, así como ustedes hicieron”.

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New Tribes Mission - Espanol

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