Cuando los niños pequeños pueden comunicarse mejor que uno…

Publicado 19 de octubre 2017 por Kaylee Dean
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2 de octubre, 2017

Cuando eras niño, ¿ponía tu familia “mesa para adultos” y “mesa para niños” en grandes reuniones? Yo fui el bebé de mis primos durante la mayor parte de mi vida, así que no creo que alguna vez me haya graduado para “la mesa de los adultos”. Pero recuerdo, cuando era muy pequeña, que deambulaba por la otra habitación donde estaban mis padres y escuchaba todas las palabras que decían los adultos, pero sin poder comprender lo que querían decir. Eso es muy parecido a lo que estoy sintiendo mientras aprendo portugués. Hay momentos en que una amiga dice algo y conozco cada palabra, pero dichas en una frase no tienen sentido para mí. Soy como el niño pequeño en el Día de Acción de Gracias que conoce las palabras que se están diciendo pero no puede entender su significado. Esto puede ser muy frustrante y humillante; me siento tonta.

Aprender un idioma es como volver a ser un niño, solamente que como adulto, uno sabe cuánto no sabe.

Los niños, cuando empiezan a hablar, dicen palabras equivocadas o las mezclan y dicen algo completamente diferente o ininteligible. Así es como hablo actualmente en portugués. Es lindo y divertido cuando tienes dos o tres años de edad. No es tan lindo cuando se trata de una mujer en la parte final de sus *ejem* veintes; parece tonto.

Cuando una persona habla con niños pequeños, generalmente habla más despacio, usa términos sencillos y repite una y otra vez. Así es como muchos de mis amigos tienen que hablar conmigo. Imaginen si sus amigos les hablaran a ustedes de la misma manera que hablan con sus niños pequeños, porque es la única manera en que ustedes entienden. Ustedes se sentirían como tontos.

Ese es apenas el lado lingüístico de las cosas. También hay una forma cultural de hacer las cosas. Cómo se lavan los platos, cómo se limpian los pisos, cómo se prepara la comida. Yo puedo hacer todas estas cosas en mi cultura, pero sé que estoy reeducándome en una nueva manera. Me siento tonta.

Aquí casi todo el mundo se moviliza en bicicleta. Yo no había montado en bicicleta en años; las detesto. Tuve un accidente de bicicleta cuando era niña y tengo una cicatriz grande y antigua en la cara. Las bicis me dan miedo, me ponen nerviosa; y la mayoría de los niños aquí pueden manejar sus bicicletas mejor que yo. Me siento muy tonta.

Tengo que confesar algo, detesto ser como una niña. Ya pasé por esa etapa y ya me había convertido en adulta. Y todo ¿para qué, para volver a ser niña? No. No me gusta. Esto no tiene nada que ver con mis amigos; ellos son fantásticos. No me tratan como a una niña, aunque así es como me comunico. Ellos son amables, pacientes y compasivos. Esta lucha solo está en mi corazón; tiene que ver con orgullo y arrogancia. Detesto sentirme tonta.

El aprendizaje de una nueva lengua y una nueva cultura es un proceso refinador. Es una olla a presión que te quebranta. Pero sabemos lo que Dios hace en tiempos como esos. Él nos moldea y nos convierte en herramientas para Él.

Y es por eso que seguimos adelante. En medio de cualquier proceso refinador por el que Él nos permita pasar, podemos descansar confiados en Él, sabiendo muy bien que Él lo sabe todo y que obra en nosotros y a través de nosotros.

Y afortunadamente no usa gente perfecta, ya que no existe. No. Dios usa a los necios y a los débiles.

I Corintios 1:27
Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte”.

Y la verdad es que el aprendizaje del idioma es por una temporada. Un día lo entenderé. Un día podré comunicarme; un día podré sentarme en la “mesa de los adultos”; un día podré trabajar con mis amigos; un día.

Y esa es la meta. Aprender este idioma a ese nivel para poder ser usada en el ministerio y trabajar junto a mis hermanos y hermanas aquí. Para que las personas que nunca han escuchado [el Mensaje], puedan oír.

Porque la eternidad está en juego; porque la gente importa.

Por lo tanto, si tengo que sentirme humillada y sentirme tonta, que así sea; vale la pena al final.

 

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