Clases en un aula de palma

Publicado 30 de mayo 2013 por NTM

Bajo la sombra de los árboles de mango, y resguardados por paredes de palma tejida, unos mwinikas ayudan a otros a aprender a leer.

¿Qué se necesita para enseñarle a leer a la gente mwinika de una aldea? ¿Qué tal unas hojas de palma tejidas en unas estructuras que hacen las veces de paredes, y algunos árboles de mango?

Eso es lo que tú verías si fueras al patio de la casa de uno de los líderes de esa aldea.

El maestro en ciernes es un joven que aún no ha terminado la secundaria. Puede que suene extraño, pero ese nivel de educación aquí sería como tener una licenciatura en otro país, según Francois y Nadia Hattingh.

Puedes imaginar las dificultades que enfrenta esta institución particular de aprendizaje. ¿Qué sucede cuando llueve? Bien, aunque las paredes de palma ayudan a evitar algunas distracciones, los árboles de mango no guardan a los estudiantes de la lluvia.

El maestro dice que “todavía se pone muy nervioso… el corazón se le acelera… y las piernas le tiemblan cuando está al frente de la clase”.

Nadia informa: “En el fondo la anfitriona y su hija están ocupadas haciendo trenzas”.

La familia Hattingh padece malaria al igual que ataques espirituales a medida que hay progreso. El maligno sabe que si estas personas queridas aprenden a leer y escribir, un día podrán leer la Palabra de Dios.

Imprimir y producir materiales puede ser un obstáculo casi insalvable para el personal de esta pequeña escuela. Tener una computadora y electricidad pueden ser asuntos bastante complejos. Perseverar a través de todos estos retos puede ser agotador.

Sin embargo, no parece que alguien esté a punto de claudicar. El maestro aprendiz está siendo instruido por el maestro cualificado. Él también regresará y terminará sus estudios y sueña con asistir a una escuela pedagógica, redoblando sus esfuerzos.

Nadia es la coordinadora de todo esto. Ella ha luchado con malaria y la maternidad al mismo tiempo que desarrolla un manual para estos maestros.  

Ella comenta: “Tenemos ocho estudiantes en este curso de alfabetización, es el límite, pues sólo hay un maestro aprendiz para ayudar. Un estudiante no asistió. Para estas personas es difícil hacer a un lado sus otras responsabilidades para asistir a clases a diario; ora por su compromiso y perseverancia”.

Un estudiante viene a clases después de beber. Él puede ser difícil con su fuerte personalidad, pero está aprendiendo.

En todo esto parece que el maestro aprendiz está haciendo lo necesario para ayudar a los estudiantes a progresar en su deseo de aprender a leer en su idioma.

Se espera que un día todo esto conduzca a que ellos tengan la capacidad de estudiar las Escrituras y conocer la verdad.

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