AZADONES, DEDOS DE LOS PIES Y DESGRACIAS HORTÍCOLAS

Publicado 3 de enero 2017 por Seth y Rochelle Callahan
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24 de noviembre, 2016

Como algunos de ustedes ya saben, en la primavera pasada me picó el bichito de la horticultura.* Nunca antes había hecho algo de horticultura, así que esto fue una especie de salto para mí, pero era algo que tenía que pasar en algún momento. Entre casi nunca tener productos frescos en la casa, viviendo inmerso todos los días en una remota sociedad agraria, y porque a menudo me desespero por tener un escape mental del aprendizaje del idioma, yo era un candidato ideal para tener un pasatiempo hortícola.

Mis esfuerzos se han limitado, mayormente, a plantar muchas semillas y a ver generaciones enteras de plantas jóvenes muriendo antes de alcanzar la adolescencia, pero se ha logrado suficiente progreso para sentirme justificado de referirme a mí mismo como “horticultor aficionado”. Aun si hay, como hasta ahora, pocos frutos de mis labores (literalmente), definitivamente he crecido en mi comprensión de la teoría de la horticultura en los últimos doce meses. Gracias a muchas horas de lectura nocturna, ahora puedo lanzar un discurso improvisado en un abrir y cerrar de ojos sobre temas tan vivaces como “permacultura”, “compostaje”, “fijación de nitrógeno” y “mantillo”. Sí, déjame decirte que últimamente soy muy solicitado en las cenas.

Sin embargo, voy a ser honesto: todo este esfuerzo ha resultado más laborioso de lo que había previsto originalmente, pero también ha sido más gratificante de lo que había pensado. No solo he sido capaz de emocionar ilimitadamente a Rochelle con innumerables horas de conversaciones interesantes a altas horas de la noche sobre las razones científicas de por qué todas mis plantas mueren constantemente, también he podido relacionarme con nuestros aldeanos a un nivel más personal mientras me dicen cortésmente que la razón de que todas mis plantas se mueran es porque estoy haciendo todo mal.**

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En mi defensa, sin embargo, diré que algunas de mis dificultades han sido inevitables debido al ambiente tropical en que estoy. A diferencia de la representación inocente de la selva que constantemente veo en los libros de mis hijos sobre el tema, la selva es realmente un ambiente brutal para tratar de cultivar algo. Es como tratar de manejar un preescolar en la cafetería de una prisión de máxima seguridad. El noventa por ciento de cada árbol, arbusto y planta de la selva pantanosa que hay detrás de mi casa, donde estoy sembrando mi huerto, está cubierto de espinas que hacen que el alambre de púas parezca un muñequito de peluche, o está infestado con insectos horrendos que pican primero y preguntan después. Aun el follaje que es de buen comportamiento y no es naturalmente violento, no parpadea ante la idea de ahogar a un residente cercano si eso significa unos rayos adicionales de sol para sí mismo.

Otras luchas, lo admito, son más el resultado de mis propias decisiones: Dado que los iskis tienen herramientas y recursos muy limitados, he decidido usar solamente herramientas a las que mis vecinos también tengan acceso. Eso significa que todo el desbrozo, la tala, el arar, la siembra y el mantenimiento han sido hechos, hasta este punto, usando un machete, una pala, un hacha y un azadón, sin fertilizantes ni pesticidas comprados en la tienda. Como puedes imaginar, mi experiencia ha sido un poco diferente de lo que podría leerse en un artículo estándar de “Better Homes and Gardens” [Mejores hogares y huertos].

Durante casi todos los lunes de los últimos meses he estado atendiendo las heridas de mis hazañas de horticultura de fin de semana. Una o dos ampollas nuevas, unos cuantos músculos adoloridos y unas picaduras de hormigas de fuego es la tarifa estándar, pero a menudo también puedo añadir “algo especial” en la siguiente semana, para hacer que la vida siga siendo interesante. Ya perdí la cuenta de las veces que me he cortado con mi machete, me quemé la planta del pie con brasas calientes cuando estaba quemando una pila de maleza*** y, últimamente, me corté una quinta parte de la uña del dedo gordo de mi pie con el azadón.

Normalmente soy capaz de tomar con calma estas pequeñas heridas, pero seré honesto, esta última me hizo perder un poco los estribos. Estaba sembrando calabazas con los chicos, y mientras intentaba arrancar un bejuco espinoso con un tirón vigoroso del azadón, aparentemente no le di a la base de la planta y halé la hoja metálica justo hacia la uña del dedo de mi pie. Grité: “¡DOGGON-IT!” cuando sucedió (por lo cual estaba muy agradecido, porque Manny y Tucker estaban justo al lado mío, y esa NO era la frase que tenía en mi cabeza), y luego subí cojeando la colina para sobresaltar a Rochelle con la solicitud de nuestro botiquín.

Resultó, sin embargo, que se veía (y se sentía) peor de lo que era en realidad; después de solo 15-20 minutos de yo mismo aplicarme los primeros auxilios básicos en el cuarto de baño, pude volver a salir y terminar de plantar mis calabazas, con mi pie herido bien vendado y envuelto en una bolsa de supermercado con cinta adhesiva.

Idealmente, en el largo plazo, este esfuerzo terminará con un huerto floreciente en mi patio trasero, comida fresca en mi mesa, y un ejemplo tangible de agricultura sostenible para que los iskis aprendan, pero al mismo tiempo es un buen pasatiempo. Nada como, dice R&R, heridas abiertas y fracasos habituales, ¿verdad?

 

*No debe confundirse con “ser picado por un bicho en mi huerto”, lo cual ha sucedido muchas veces desde entonces.

**En primer lugar, el asunto principal es que estoy experimentando con cultivos diferentes de aquellos a los que ellos están acostumbrados, que tienen diferentes requisitos de crecimiento. Y, en segundo lugar, nuestra gente se adhiere a la técnica hortícola de “tala y quema”, la cual es muy grave para la deforestación y muy carente de cualquier esfuerzo de mejora del suelo. Esto, combinado con una exposición muy limitada a las ciencias de la tierra y la ecología, los hace un tanto escépticos en cuanto a cualquier método que no involucre la quema de hectáreas de selva y la resiembra después de unos pocos años.

***Tenía temor de que si usaba mis zapatos, entonces los derretiría. La lógica es ineludible.

 

 

2 respuestas a “AZADONES, DEDOS DE LOS PIES Y DESGRACIAS HORTÍCOLAS”

  1. dach dice:

    Seth y Rochelle Callahan sigo orando por ustedes y me admira su trabajo.

  2. steve dice:

    Muchas gracias! Nos anima saber que nos están apoyando a través de la intercesión.

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