A veces son las pequeñas grandes cosas

Publicado 7 de Abril 2016 por Seth y Rochelle Callahan
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23 de febrero

No recibimos nuestros bananos en nuestro último vuelo de suministros. El helicóptero vino y se fue, pero desafortunadamente no había plátanos entre nuestra lejía, nuestros cilindros de propano, y nuestras galletas. Quizá esto no suene como un gran problema para ti, pero estuvo a punto de hacer llorar a mi pobre esposa.

Y, debo aclarar aquí, mi esposa no es alguien que normalmente llore por trivialidades sin sentido. Por ejemplo, ella apenas parpadeó cuando olvidé por completo el Día de San Valentín hace unas semanas (aunque eso probablemente se debe, en parte, al hecho de que he puesto increíblemente bajo el listón en el departamento de romance…), pero unos racimos de bananos se olvidan, y sus ojos se podrían nublar un poco.*

Verás, vivimos un poco fuera del camino trillado. En realidad, muy irónicamente, vivimos directamente EN un camino trillado; vivimos muy alejados de cualquier carretera; vivimos aun más lejos de cualquier tienda o mercado. Nuestra casa está ubicada en una aldea pequeña en medio de una selva pantanosa y, a diferencia de lo que a menudo se pinta en los libros y en la televisión, la selva NO es un paraíso tropical lleno de una gran variedad de frutas suculentas; al menos, NUESTRA selva no lo es. Nuestra selva está llena de árboles espinosos que son atacados por bejucos espinosos que a su vez son atacados por insectos feroces (y a veces espinosos); las frutas no parecen entrar jamás en la ecuación.

Todo lo anterior para decir que rara vez tenemos la oportunidad de comer alimentos frescos porque son pesados para ser enviados en el helicóptero (pagamos por kg), y no duran mucho tiempo una vez que los recibimos. Esta realidad tiende a pesar mucho en la mente de Rochelle, quien valora cosas como “vitaminas” & “nutrición” en la dieta de nuestros hijos.

En esa mañana, nuestros hijos estaban literalmente bailando por toda la sala de estar con la feliz expectativa de tener otra vez fruta en la casa. Nuestro hijo de cuatro años incluso ensayó una nueva palabra para expresar su alegría: “¡Estaré ENCANTADO de comer bananos!” Por lo que Rochelle terminó sintiéndose un poco deprimida después de frustrar todas sus pequeñas esperanzas y sueños y de decirles que probablemente pasarían unas semanas más antes de recibir alguna fruta.

Traté de consolarla cambiando de tema y diciéndole que había cambiado nuestro cilindro de gas vacío por uno nueoa que había llegado en el helicóptero, y que ella no tendría que tomar más duchas de agua fría, pero eso en realidad no pareció mejorar su estado de ánimo en el momento.

Y, por supuesto, si tú nos hicieras sentar y nos hicieras reflexionar, nos daríamos cuenta que nuestra vida en realidad no es TAN difícil, y que en verdad no tenemos ningún derecho a quejarnos de nuestra suerte. QUEREMOS estar donde estamos; QUEREMOS hacer lo que estamos haciendo. Es solo que a veces, sorprendidos por el momento, cuando comenzamos a pensar acerca de cómo eran las cosas para nosotros cuando estábamos en nuestro país, nos ponemos un poco nostálgicos y, a veces, sentimos que nuestra vida es un poco difícil.

¿Sabes? A veces solo queremos un banano.

*Rochelle, que es un poco sensible acerca de que la gente sepa que ella a veces casi llora, me ha pedido que mencione que, casi al mismo tiempo, nuestro bebé también la había mordido bastante duro mientras lo lactaba, y luego se orinó sobre ella, y entonces no fueron SOLO los bananos los que la hicieron sentir un poco emotiva.

 

 

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